El arresto y la oreja sanada
Mateo 26:47–56 · Reina-Valera 1909
Cualquiera puede leer esta vista. Los resaltados y notas que aparecen aquí son de personas que decidieron compartirlos públicamente. Inicia sesión para añadir los tuyos, o para mantener tu lectura privada en tu cuenta.
47Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.
48Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle.
49Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó.
50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron.
51Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.
52Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.
53¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?
54¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?
55En aquella hora dijo Jesús á las gentes: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
56Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.